No venimos a pedir nada. No venimos a implorar derechos ni a mendigar comprensión. Venimos a exigirnos a nosotras mismas, a sacudir la pereza mental.
Frente al avance del fascismo, del patriarcado y de un sistema que pretende gobernarnos con miedo, disciplina y obediencia, afirmamos lo mismo que ayer y que hoy vuelve a ser urgente: no aceptamos tutelas. Ni la del Estado, ni la del hombre, ni de partidos, ni de jerarquías que hablan en nuestro nombre mientras deciden por nosotras.
Somos feministas porque combatimos todas las violencias.
Somos antifascistas porque el autoritarismo siempre empieza controlando cuerpos y silencios.
Somos anarquistas porque creemos en la acción colectiva, en el apoyo mutuo y en la autogestión y la horizontalidad.
Queremos cambiarlo todo. Queremos vidas dignas, libres y sin miedo. Mujeres que no obedezcan ciegamente, que no repitan consignas ajenas.
No queremos disciplina que anule la iniciativa, ni jerarquías que conviertan a unas en mandos y a otras en obedientes. Queremos responsabilidad libremente asumida y cooperación.
Nuestra lucha no es contra el hombre, sino contra todo lo que oprime: la ignorancia, la miseria, la explotación y la autoridad impuesta.